Gaudí, un conocido desconocido, sabedor de las cosas del mundo.
Cuando el venerable Antoni Gaudí i Cornet nos deja el 10 de junio de 1926, después de ser atropellado unos días antes por un tranvía, justo cuando se dirigía al Barrio Gótico para visitar la iglesia de San Felipe Neri, se nos marcha el gran maestro de la arquitectura modernista inspirada en la naturaleza. Llimona nos deja su retrato en dicha iglesia, cuando en 1902 decide utilizar sus facciones de persona buena para encarnar al propio San Felipe. Calificar a Gaudí como modernista y catalán, puede resultar más que innecesario, insuficiente. Su estilo es tan personal que trasciende cualquier etiqueta posible. Es preciso acercarse a su obra desde la curiosidad de quien no conoce los entresijos matemáticos de la arquitectura y, con los ojos de un niño entrometido y activo, dejarse sorprender.
Gaudí nos revelará los grandes secretos numéricos de la naturaleza, como hicieran aquellos filósofos pitagóricos y como tal vez aprendiera a su paso por la Escuela de la Lonja y la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, donde se gradúa en 1878. Desde su provincia natal, Tarragona, Gaudi nos ofrece, gracias a su visión de la geometría y el volumen o a su habilidad para desentrañar las estructuras de las cosas, una traducción muy personal de la esencia de la naturaleza mediterránea. Escudriñaba, analizaba esas estructuras e intentaba reproducirlas con su prodigiosa fantasía, utilizando las técnicas más adecuadas para cada uno de los matices que la realidad ofrecía: cerámica, cristal y vidriera, carpintería, forja de hierro… Las formas naturales se sostienen en la geometría más pura, como si descansaran sobre ella, suspendidas del número y la línea: el paraboloide hiperbólico, el hiperboloide, el helicoide y el conoide, son solo arcilla moldeable entre sus manos y sus ideas. Pero la originalidad en el uso de estas líneas difíciles, denostadas o relegadas hasta su llegada, es muy a menudo la verdadera causa del asombro que causa su obra en el público de la época.
El material condicionaba la técnica y la técnica debe variar según la naturaleza de la estructura que se quiere destacar. La mediterraneidad de la obra de Gaudí no es solo catalana. No es solo el color o la historia de su tierra lo que marca su obra, pues sabe trascender más allá del localismo para configurar un mundo personal y tan rico en matices, que puede ser comprendido y querido en cualquier lugar. No en balde, las líneas que rigen o inspiran su creación, aun partiendo de su amor por Cataluña, muestran una elevada pasión por la arquitectura como instrumento de creación, la naturaleza como elemento de inspiración y la religión como hilo conductor que lo articula todo. Sin uno de estos cuatro pilares, es imposible acercarse y comprender el ingenio y la fantástica mente de un recreador de estructuras orgánicas naturales.
Con frecuencia, al estudiar la obra de Gaudí, surge una especie de regaño hacia el arquitecto, como si fuese culpable no solo de dejarnos, sino de abandonar también a su suerte un proyecto que acepta en 1883, modificándolo en su totalidad y que se convertirá en su obra de vida: el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia. La razón de esta reprensión surge de su capacidad de controlar el proyecto en su mente sin necesidad de planos ni anotaciones. Acostumbrado a trabajar con maquetas más que con planos, en su cabeza se alzaban las estructuras de sus moles de piedra y la decoración pertinente para recubrir de forma natural los esqueletos de su arquitectura viva. La dificultad de introducirnos en su idea, cuando él desaparece, se esconde en parte tras la tardanza en el acabado de su obra.
Gaudí dejó dentro y fuera de Cataluña las pistas para comprender su originalidad y genio. Cada uno de sus edificios e intervenciones artísticas nos muestra un aspecto del modo en que se organizaba su mente, pero son tantos los matices que ordenarlos para ofrecer una imagen de conjunto resulta prácticamente imposible. Tan solo debemos tener en cuenta que, aunque la mayor parte de su obra se concentre en Cataluña, sus diseños y edificios no adquieren pleno sentido sin considerar no solo su presencia en Cantabria o León, sino sin realizar una mirada a la manera en que se prodigó y continuó en tantos aprendices y seguidores.
La exposición bibliográfica que ofrece el Departamento de Historia del Arte, permite conocer algunas fuentes en las que beber información sobre el genio cuya muerte conmemoramos en este centenario, como una excusa para recuperar el disfrute de su visión del mundo y de su manera de dotar de espíritu a lo que solo son estructuras de sostén de la vida. Son unos pocos títulos que esperamos despierten la curiosidad sobre esta gran figura a la que jamás podremos cubrir con una etiqueta, sencillamente porque Gaudí es Gaudí.
(Comisión de Bibliotecas del Departamento de Historia del Arte)
Acceso a bibliografía online de la Biblioteca de la UGR.
EAUDE, Michael. Antoni Gaudí.
https://granatensis.ugr.es/permalink/34CBUA_UGR/138nfak/alma991014865953704990
ESCALES, Carme. Tras los andamios de la Sagrada Familia.
https://granatensis.ugr.es/permalink/34CBUA_UGR/138nfak/alma991014247389704990
RIUS SANTAMARÍA, Carles. Gaudí i la quinta potència: la filosofia d'un art.
https://granatensis.ugr.es/permalink/34CBUA_UGR/138nfak/alma991014800173704990
RODRÍGUEZ PEDRET, Carmen. Gaudí bajo el encuadre: linterna mágica, fotoscop, cine documental.
https://granatensis.ugr.es/permalink/34CBUA_UGR/138nfak/alma991014900477904990
ROE, Jeremy. Gaudi: architect and artist
https://granatensis.ugr.es/permalink/34CBUA_UGR/138nfak/alma991014319699304990
ROE, Jeremy. Antoni Gaudí: el máximo exponente de la arquitectura modernista catalana.
https://granatensis.ugr.es/permalink/34CBUA_UGR/138nfak/alma991014319805204990