Monet, el pintor del sol naciente
Con motivo de la conmemoración del centenario de la muerte del pintor impresionista Claude Monet (París, 14 de noviembre de 1840-Giverny, 5 de diciembre de 1926), el Departamento de Historia del Arte celebra su vida y su obra dedicándole una pequeña exposición bibliográfica, que puede visitarse en las vitrinas ubicadas al fondo del pasillo central de nuestra Facultad.
Monet se forma en el realismo de la segunda mitad del siglo XIX y, aunque llegará a participar en el Salón de 1865 de París con dos marinas, su férrea voluntad de alejarse del clasicismo académico se percibe muy pronto. Para 1866, influenciado tal vez por el cuadro de Édouard Manet, Le déjeuner sur l’herbe (1863), inició su distanciamiento de la tradición con una propuesta titulada también Le déjeuner, que no pudo concluir a tiempo para el Salón de ese año. Monet nunca pretendió provocar a la crítica, como sí lo hiciera su amigo Manet, y siempre procuró mantener el afecto del gran público. Su concepción del realismo era aún más radical que la de Courbet o Manet, y ofrecía al espectador una intensa sensación de realidad en sus figuras.
La crítica parisina no tardó en advertir sus propuestas de cambio. Reconoció la notable originalidad en la composición y comprendió el deseo de hacer de la pintura un reflejo de la vida contemporánea y cotidiana, como si de un nuevo costumbrismo se tratase. Advirtió, muy especialmente, que en la manera del artista de sobreponer el color a la práctica del dibujo había mucho más que la pincelada de gracia que ponía fin al academicismo e inauguraba la modernidad de los ismos, efímeros y concienzudos.
Monet encarna una visión científica de la realidad, a medio camino entre el ojo humano y el objeto observado, y representa una pintura que abandona el estudio para instalarse en plena naturaleza, en plein air. Sin paredes que limiten ni luces fijas, Monet pintará el tiempo y llevará al lienzo la luz variable y los colores matizados por su incidencia que hacen del objeto un elemento vivo y fluctuante. Pero el impresionismo de Monet es también goce y puro deleite en la cadencia lumínica de la realidad. Las nuevas posibilidades técnicas derivadas de la revolución industrial permitían llevar lienzos, caballetes y colores (ahora en pequeños tubos de plomo) a cualquier rincón de la naturaleza.
Su cuadro Impresión, sol naciente llevará a Leroy, columnista de la revista Le Charivari, a dar nombre a una nueva forma de entender la imagen pictórica. Las innumerables series pictóricas que nacen de sus manos dan sentido a su idea de una pintura del tiempo y de su trascurso a través del color. La pintura de Monet constituye, así, una propuesta a caballo entre los siglos XIX y XX, en la que confluyen Arte, Estética y Psicología, y desde la que puede comprenderse una de las transformaciones más decisivas de la historia de la pintura moderna.
(Comisión de Bibliotecas del Departamento de Historia del Arte)